6 ago. 2014

Una botella en el mar de Gaza



Además de medio siglo de historia compartida , palestinos e israelíes tienen otro elemento en común que los identifica , se odian los unos a los otros. Quizás no el cien por ciento de ellos ciertamente pero si la mayoría aunque en mayor y menor grado.  En medio de tantas guerras la minima noción de racionalidad necesaria para juzgar objetivamente y bajar las tensiones escasea más que el agua en el desierto que viven.

El problema es difícil y complejo , quizás por eso la película   Una botella en el mar de Gaza  se centra más en contar el conflicto desde la perspectiva de vidas comunes y corrientes de lado y lado,  y no en pensar quien tiene o no la culpa.

Del lado de Israel los judíos lograron construir un país desarrollado sin contar con grandes recursos, envidiable logro sin duda , pero aun así  la calidad de vida es frágil por la angustia de poder ser la próxima victima de un atentado terrorista si el azar así lo determina. Pero en Palestina es más difícil todavía, cuentan con un país dividido geográficamente en dos mitades atravesadas por Israel , se les niega la posibilidad de construir un estado , la pobreza es abundante, y en momentos de guerra el sufrimiento crece exponencialmente.    

El mensaje de la película en el fondo  es un mensaje optimista porque aunque no proponga una solución para la guerra nos muestra una salvación individual  posible , el que deja de odiar progresa y el que progresa probablemente no odia. En tiempos en que la semilla del odio todavía es tan fácil de cultivar el mejor antídoto para combatirlo es a través del arte, en este caso el cine,  desde la ficción, contando una historia inventada que no es real pero que nos enseña como el odio y las  emociones distorsionan nuestra realidad.  

@PedroManceraS