12 nov. 2011

Homicidio culposo

Todavía recuerdo la primera vez que fui, quedaba en un edificio residencial como a 5 minutos de mi casa y a partir de ese día empezamos a ir periódicamente. Era un ritual que extraño muchísimo, usualmente iba en fin de semana con mi papá y mi mamá , y por alguna razón que todavía no comprendo duraba siglos en elegir la película , de la última no tengo idea, pero si recuerdo que la primera que alquilé fue Mi pobre angelito III,  era en VHS y fue en esa época en que casi estábamos llegando al año dos mil.

Alquilar películas es un ritual que despareció completamente en la ciudad de Caracas, desde que aparecieron las películas piratas ya a nadie le interesa alquilar películas originales, pues para que gastar en rentar si te puedes comprar una quemada por la mitad. Y así, poco a poco, fueron cerrando los locales hasta que de repente de un momento a otro desaparecieron.
El más grande de todos creo que era el Video Color Yamin que quedaba en Altamira , ahí se podía encontrar cualquier cosa, pero yo le era fiel al Blockbuster que habían abierto al lado de mi casa en un centro empresarial. Estaba lleno de DVD (ya estaba obsoleto el VHS), y la mayoría eran estrenos, a veces hasta se podían alquilar las que estaban pasando en el cine. Ahí fue donde alquilé la primera temporada de Lost , estaba en quinto año y en una de esas semanas que no fui al colegio y que porque estaba enfermo, me devoré la primera temporada como en cuatro días, para ese momento era difícil pensar que la serie iba a terminar tan mal.
En mi casa funcionaba por época, alquilábamos películas  hasta que llegaba el momento en que olvidábamos que tenían que ser retornadas , y lo que se suponía que tenía que ser entregado en dos días lo llevábamos en dos semanas. Entonces salía la oferta, y llamaban a la casa , le informamos que su deuda ha sido perdonada y que usted puede seguir disfrutando de nuestros servicios sin cargo adicional. Y así sucesivamente se repetía el ciclo una y otra vez.
Quizás podía resultar un poco costoso , es verdad , pero al alquilar una película se estaba generando empleo ,  se pagaban impuestos y se respetaban los derechos de autor. Cuando se le compra una película a un buhonero (vendedor ambulante) no se cumple nada de esto,  y se contribuye con una actividad que no hace más que deteriorar la ciudad.
El problema es que el sistema te obliga a comprar películas quemadas , comprar una original sería impagable y extremadamente difícil de conseguir. Desde hace un tiempo las bajaba de Internet , la mayoría se consiguen , pero a veces hay que esperar siglos a que se descarguen y no se pueden ver en la televisión.
Hace poco descubrí una solución parcial al problema, un servicio por Internet que se llama Netflix. En EEUU es bastante popular, en vez de tener que salir a buscar la película, se descarga por Internet como si fuera un archivo de youtube. La suscripción para el primer mes es gratis por lo que decidí pobrar , la primera que vi fue Belleza americana (American Beauty 1999) y funcionó bien , excelente película por cierto , pero nada como aquel ritual desaparecido que nosotros mismos nos encargamos de asesinar.

2 comentarios:

  1. pedro! estoy totalmente de acuerdo en todo a lo referente a los derechos de autor, y es verdaderamente una cachetada a la industria cinematográfica lo que hacemos los venezolanos. Sin embargo, el asesinato de ese "ritual" como tu lo llamas dió nacimiento a otro que me parece aún más complejo e interesante.

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  2. Hola Oriana. En verdad lo que más me molesta es ver a los buheneros del puente de La Guairita vendiendo las películas quemadas y la gente que las compra, cada vez que paso por ahí me provoca poner una bomba, a veces prefiero tardardarme un poco más y meterme por el cafetal. Saludos gracias por tu comentario!.

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